RESPONDIENDO A JON URIARTE

El Sr. Jon Uriarte, en la sección de Cartas al Director de la Revista Hilero, publicó un artículo con el título “La fria parroquia de Amorebieta”, referido a la parroquia de Andra Mari / Santa María.
Acogiéndonos al derecho de réplica, la Ejecutiva del Consejo Pastoral Parroquial se siente en la obligación de hacer algunas aclaraciones y precisiones sobre lo manifestado por el Sr. Uriarte; al mismo tiempo expresamos también con toda nobleza el dolor por algunos juicios injuriosos vertidos hacia la parroquia y hacia su párroco.
Queremos diferenciar dos ámbitos: el contenido del artículo y el talante que muestra el articulista.

El contenido (lo que dice):

1.- No podemos valorar si el párroco estuvo “frío” o no. Lo repite varias veces y extiende la frialdad a toda la parroquia, como señala el título del artículo. Lo que sí afirmamos, con conocimiento de causa, es que el párroco es tolerante, amable, sencillo y, en este caso coherente al mantenerse en lo acordado hace bastantes años en el Consejo Pastoral.

2.- Dice desconocer “quién ha tomado esta decisión y cuándo”. Con gusto le informamos al Sr. Uriarte:

2.1 ¿Quién decide? Estas decisiones se toman corresponsablemente ( = democráticamente) en el seno del Consejo Pastoral, formado por los curas y laic@s representantes de los diversos grupos parroquiales. Es el ámbito en el que se plantean las diversas cuestiones, se hace discernimiento sobre ellas, se valoran los pros y los contras y, finalmente, se van tomando decisiones. En la línea de la decisión que nos ocupa, existen otras como no aceptar la presencia de coros, coronas etc. Tampoco se cobra nada por las bodas, bautizos; sí por los funerales.
Todos estos criterios de actuación no son dogmáticos. Evidentemente se puede discrepar. También pueden ser modificados, siempre en el ámbito del Consejo Pastoral, no únicamente por decisión del párroco. Mientras tanto, siguiendo en vigor, lo coherente es mantenerlos. Éste debe ser, al parecer, el “delito” cometido por el párroco.

2.2 ¿Cuándo se ha tomado? Al menos, llevamos veinte años aplicando estos criterios. Con una media de 70 funerales por año, llegamos aproximadamente a los 1.400 en estos últimos veinte años.
La inmensa mayoría no solicita intervención por parte de familiares o allegados. Haciendo memoria, no han llegado a 20 peticiones. De ellas una vez que se les han explicado los motivos, han aceptado con corrección casi todas las personas, excepto cuatro casos que han presentado un enfado manifiesto. Pero sólo en este caso, la rabia confesada se ha hecho pública en los términos ya conocidos por todos en un intento de lanzar a la parroquia y a su párroco “a los pies de los caballos”.

2.3 Sin que lo haya pedido el articulista, añadimos por nuestra parte el por qué de estas decisiones. Desde luego, la intención no es exaltar los ánimos ni enrabietar a nadie, como parece entender el Sr. Uriarte.
El criterio máximo es que para la parroquia todas las personas difuntas y sus familias merecen ser tratadas con la misma dignidad. Nadie es más que nadie. Para ello se pretenden evitar signos que pueden marcar diferencias, como la actuación de coros invitados, profusión de coronas y flores, intervenciones de familiares o allegados…, que nos pueden hacer recordar, por aproximación, aquellas diferencias insultantes de funerales de primera, segunda y … que marcaron desgraciadamente la actuación de la Iglesia en algún tiempo y que felizmente, aunque siempre tarde, quedó superada.

3.- Por otra parte, no son lo mismo las exequias cristianas y un obituario. Parece que el Sr. Uriarte está habituado a este género funerario. Pero no es bueno confundirlos. Lo nuclear en un funeral, se aprecie o no, es la acogida, la escucha de la Palabra de Dios, el Evangelio, la aplicación de la misma a las circunstancias concretas en la homilía, la oración por los difuntos y su familia, el rezo del Padrenuestro, la despedida serena y esperanzada de la celebración, dando a significar que Dios Padre, por medio de Jesucristo acoge a los difuntos en la Vida sin fin. Lo secundario es el hipotético obituario, cuyo lugar propio puede ser el tanatorio o la despedida en el cementerio.
No olvidemos que la reforma litúrgica que nace del Concilio Vaticano II prohíbe expresamente los “panegíricos” (discurso elogioso de la persona difunta) en la celebración de los funerales, aunque, es justo reconocerlo, no siempre se respeta este criterio conciliar.

La actitud o talente:

Una breve referencia al tono o talante que hemos percibido en el artículo que nos ha producido un fuerte desasosiego, a nosotros y a no pocas personas del municipio, sin negar que haya producido también fruición en otras.
De su escrito se desprende-según percibimos- una actitud prepotente en la que su amor propio ha quedado herido. Nos parece humano y lo aceptamos. Pero no nos parece procedente publicar este artículo, sobre todo, por las inexactitudes introducidas en su contenido y que hemos señalado. No es propio de un profesional del periodismo, llamado a servir ante todo a la verdad, dar publicidad de algo sin haberse informado suficientemente de la práctica parroquial para expresar su discrepancia natural con corrección y respeto. Nos extraña muchísimo que haya realizado consultas al respecto en tantas tierras que recorre, a sacerdotes cercanos y lejanos, incluso a ciertos miembros próximos a la Conferencia Episcopal y todos le han dado la razón; sin embargo, no parece que ha consultado al Sr. Obispo de Bilbao y a su Vicario territorial, ante quienes el párroco Jabi Jaio, que sepamos, goza de total confianza.
No podemos negar el desasosiego producido y las discrepancias señaladas, pero afirmamos no guardar el mínimo rencor hacia Jon Uriarte, que comprendemos que se ha dejado llevar por un enfado considerable. Por nuestra parte, damos por zanjada esta cuestión y nos mantenemos dispuestos, si le parece bien, a un diálogo abierto y leal.

Saludo respetuoso

Fdo.
Ejecutiva del Consejo Pastoral de la Parroquia Andra Mari

Mari Feli Arrizabalaga
Esther Crespo
Agurtzane Lizaso

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