Jokin Iturbe, confinado en mitad del océano Atlántico

Me llamo Jokin Iturbe y soy marino. Trabajo en la mar desde hace más de 16 años.

Hace unos días Jabi me pidió que si podía escribiros sobre el confinamiento particular que vivimos los marinos y aquí me tenéis, aportando mi granito de arena, para por lo menos, intentar entreteneros unos minutos mientras leéis mi relato.

Estos días habréis leído en diferentes medios de comunicación que los marinos somos unos expertos en confinamientos y que sufrimos de “mamparitis”. Mamparitis viene de mamparo ya que en los barcos no tenemos paredes. Tenemos mamparos. Yo, la verdad, es que es la primera vez que he escuchado esta palabra.

Lo primero que me gustaría clarificar es que hay muchos tipos de marinos, como tipos de barcos hay. Hay barcos grandes, pequeños. Barcos que atracan (aparcan) cerca de las ciudades y barcos que atracan lejos. Rutas de horas, días, incluso meses de ruta sin llegar a puerto. Hay muchos tipos. Lo de la experiencia del confinamiento particular de los marinos depende de varios factores como os he comentado.

Yo trabajo en un buque metanero. Un buque de 280 metros de eslora (largo) que se considera un buque grande. Es un buque con todas las comodidades. Tenemos un gimnasio bastante bien equipado, camarotes individuales con TV, frigorífico, baño, ducha… Internet limitado a 4 gb…. Y lo que sí tenemos es posibilidad de salir a dar una vuelta por los 280 metros.

Hago hincapié en que es un buque que transporta gas natural. Sí, ese gas natural que muchos usáis en las calderas de vuestras casas para calentar el agua, calefacción, incluso para la térmica de Boroa o industria en general. Recalco la condición de tipo de buque en el que trabajo porque a nuestros buques, por el tipo de carga, se les considera buques peligrosos y normalmente las terminales de los puertos están lo más alejadas posibles y en muchas terminales, por razones de seguridad, no permiten que los tripulantes crucen sus instalaciones para poder salir a tierra a dar una vuelta y desconectar por unas horas. Esta condición de buques peligrosos hace que nuestro confinamiento se agrande. Aquello de que los marinos tenemos una novia en cada puerto… quedó para la historia.

Por lo tanto, nuestro confinamiento particular del día a día hace que el confinamiento que sufrís en tierra no lo notemos tanto. Es más, nosotros seguimos navegando igual. Transportando gas natural de un puerto a otro. Sin parar. La industria marítima no puede parar. Si para el transporte marítimo en tierra dejaría de llegar el 80-90% de las mercancías que llegan del exterior.

Los grandes cambios que hemos notado son por ejemplo que en la mayoría de puertos te exigen 14 días de cuarentena, por lo que o los viajes cortos se hacen más despacio o cuando llegas a puerto de destino esperas fondeado (anclado) a las afueras del puerto a que pasen los 14 días. También que cuando llegas a la terminal de operaciones, se restringe al mínimo de gente y tiempo que vienen a bordo. Y sobre todo, lo que más nos afecta a nosotros como personas es que debido a las restricciones de los países en materia de traslado de gente la gran mayoría de las compañías han cancelado los relevos de forma indefinida, por lo tanto no sabemos cuándo vamos a poder volver a casa.

Para mí, lo peor es la incertidumbre de cuándo vas a volver a casa de vacaciones. Cuando todo el tema del coronavirus se estabilice, cuando se abran las fronteras de nuevo… todavía no sabremos cuándo desembarcaremos, ya que igual todo se arregla en medio de un viaje que tarda un mes. Y por razones operativas del barco, tampoco se puede cambiar toda la tripulación de golpe. Se tiene que hacer escalonadamente, por lo que todos los relevos se atrasarán aún más.

Yo estoy a mitad de campaña (periodo de embarque). Todavía me queda un mes por delante y confío en que todo se arregle cuanto antes. No por mí sino por los muchos afectados por el virus. Los enfermos, los fallecidos, los sanitarios, los policías, sector de la limpieza… Tantos como veis en los medios de comunicación.

Los terrícolas pensáis que hay dos vidas. La vida de los vivos y la vida de los muertos. Realmente hay 3. La vida de los vivos, la vida de los muertos y la vida de los marinos.

En estos momentos críticos, no os acordéis de nosotros. A nosotros no nos afecta tanto. Pero cuando todo esto se estabilice y se normalice, por favor acordaos de las 3 vidas, que en Zornotza somos unos cuantos que trabajamos en el mar.

Un saludo desde mitad del Atlántico.

Jokin Iturbe

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