ÁFRICA, ORIGEN DE LA HUMANIDAD, CUNA Y SUEÑO DE LOS CAZADORES

En ésta ocasión, la aventura ha llevado al zornotzarra Ander Garmendia, a tierras Sudafricanas en busca de las sensaciones de los primeros cazadores, con su arco y en solitario, de la mano de www.cazaytaxidermia.com, buscándose una representación de las piezas más comunes por entonces, antílopes, suidos, bóvidos y predadores.

Tras varios estudios de la anatomía de la fauna africana, e indicaciones y consejos de los profesionales, la fortuna quiso que la primera mañana, tras comprobar la gran vista y vivacidad de un par de Facocheros, una manada de Impalas deambularan por la zona con un gran macho oteando desde la lejanía. Tras más de una hora de acercamientos y alejamientos, los dedos del arco entumecidos, y los animales en tensión, la primera flecha se liberó impactando, y provocando una estampida.

En la tercera tarde, sorpresivamete, apareció de repente un Facochero a escasos 15 metros. Tras ocultarse al verlo, y asomarse con el arco abierto, el tiro fue rápido, quedando la flecha sobre la roja arena, tras haber atravesado al súido.

Los siguientes días fueron dedicados exclusivamente a encontrar al poderoso Ñu, o “Blue Wildebest” (bestia salvaje azul), en jornadas de 11 y 12 horas diarias. Finalmente, una noche pudo descubrir un grupo que fue espantado por el coche cuando vino a recogerle. El día siguiente, durante una tormenta eléctrica, la experiencia le decía que tras finalizar el temporal, los animales que estaban resguardados y asustados, saldrían apresurados. Y así fue, la manada de Ñus apareció, y tras estar oculto un tiempo prudencial para la tranquilidad de todos, la flecha voló perdiéndose en el interior del animal, y creando un momento de confusión que fue aprovechado para lanzar otra flecha a otro individuo, impactando y causando estampida. El rastreo a la noche tuvo que ser pospuesto para la mañana, al descubrir los “Trackers” que uno de los animales se había descolgado de la manada y estaba encamado, herido de muerte, había que dejar tranquila por su fuerza, a la bestia salvaje azul. A la mañana siguiente, los dos animales fueron recuperados.

El resto de los días fueron dedicados a ir tras el Caracal. Como especialista en control de predadores, se utilizaron varias técnicas para intentar atraer al esquivo felino, pero siempre teniendo cuidado de no atraer a las Hienas y Leopardos de la zona. Los fuertes vientos de ésos días hacían vislumbrar que al no poder oír bien, desconfiado, no aparecería.

Finalmente, el Safari fue concluido con el abate de otro esquivo facochero, que entraba y se iba de la zona continuamente. Una certera flecha bien colocada, arrancó una carrera de unos 50 metros, que terminó arrollando con la inercia, toda la vegetación que había de por medio, y que finalmente le frenó.

Pasión, emoción, ilusión, admiración y gratitud,

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