Cartas al Director

EN RESPUESTA A LA FRÍA PARROQUIA DE AMOREBIETA SEGUNDA PARTE

974 palabras. Esas son las utilizadas por la Ejecutiva del Consejo Pastoral de la Parroquia de Andra Mari/Santa María de Amorebieta para responder a la queja que escribí a Hilero tras sernos vetada la lectura de un texto en el funeral de nuestra amama, Leonor Antxia, como homenaje a su memoria. Casi mil palabras y no hay una frase en la que se lea un mísero “lamentamos el disgusto que la norma haya podido causar”, para acto seguido explicar las razones o, si hubieran querido, mandarme a paseo. No hacía falta ni que hubiera sido sincero. Pero es un formalismo que habríamos agradecido. Con todo, no es casual esta actitud. Tiene que ver con la frialdad de la parroquia a la que me referí en su momento. De hecho, hoy se ofrece aún más gélida. Porque su respuesta hace aguas por todas partes. Si les parece vamos punto por punto.

1-”El párroco es tolerante, amable, sencillo”. Así lo asegura la Ejecutiva. Lo desconozco. Me consta que es afable y campechano. Así me lo han trasladado. Incluso cuento con un buen amigo que es familiar suyo. Pero nunca juzgué su vida privada, sino la profesional. Y, en concreto, ese funeral. Algo que subrayé en el texto que tanto les ha molestado. Se ve que se les pasó este detalle. En cambio releo su respuesta y no veo una sola reseña dedicada a la difunta. Misma actitud que el párroco en el funeral. Ya es mala suerte. En fin, sigamos.

2-Les recuerdo que mi queja fue que no nos dejaron leer unas palabras. Lo comento porque la respuesta de la Parroquia es “Nadie es más que nadie. Para ello se pretenden evitar signos que pueden marcar diferencias, como la actuación de coros invitados, profusión de coronas y flores, intervenciones de familiares o allegados que nos pueden hacer recordar, por aproximación, aquellas diferencias insultantes de funerales de primera, segunda”. Perplejo me dejan. Si algo unifica a todos, ricos y pobres, famosos o gente de a pie, es que alguien le dedique unas palabras. Que yo sepa es gratis. Y eso, insisto nada tiene que ver con coronas, coros y demás aditivos. Dicho lo cual, ya puestos, podían pedir que no hubiera vestidos de novia de primera y de segunda. Y, rizando el rizo, acotar el número de personas que acudan por difunto, no sea que el resto se sienta minusvalorado. Puedo entender la nobleza de la idea, pero es intentar ponerle puertas al campo. Sea como fuere, hablamos solo de la lectura de un texto de un minuto de duración. Lo que nos lleva a otro argumento de la Ejecutiva. “No han llegado a 20 peticiones en 20 años. De ellas una vez que se les han explicado los motivos, han aceptado con corrección casi todas, excepto cuatro casos que han presentado un enfado manifiesto”. Curioso. No recuerdo haber asistido a un solo funeral en los últimos diez años, y por desgracia han sido más de 50, en los que no se haya leído o dicho unas palabras. Pero lo llamativo es cómo cierran este punto. “Sólo en este caso (se refieren al nuestro), la rabia confesada se ha hecho pública en los términos ya conocidos por todos en un intento de lanzar a la parroquia y a su párroco “a los pies de los caballos”. Menos mal que no añadí que de los varios evangelios que puede leer un sacerdote durante el funeral eligió uno que hablaba de que los herederos no debían pelearse por la herencia. Porque eso sí que lo sentimos como la pisada de un caballo. Hasta en eso tuvimos mala suerte. Y para conocer este dato, también he recurrido a varios sacerdotes. Pero ahora voy a citar a uno en concreto para abordar algo que no tiene que ver tanto con la liturgia como con las formas. “La ternura no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor”. Luego les diré el nombre del sacerdote. Pero su opinión no casa con nuestro funeral. Ternura no se vio. Eso sí, se cumplió con la normativa de la Ejecutiva. Incluido el cobro. Si lo menciono es porque también lo añaden.“Tampoco se cobra nada por bodas, bautizos; sí por los funerales”. Pues gana más sentido. Ante un trabajo mal hecho y cobrado lo normal es quejarse. Es más, la Parroquia asume que “Todos estos criterios de actuación no son dogmáticos”.Y a continuación admiten el debate. Pues debatamos.

3-En este punto insisten en el asunto de no dejar leer. Y dicen, “No olvidemos que la reforma litúrgica que nace del Concilio Vaticano II prohíbe expresamente los panegíricos (discurso elogioso de la persona difunta) en la celebración de los funerales, aunque, es justo reconocerlo, no siempre se respeta este criterio conciliar. Y tanto que no se respeta. Solo en Bilbao, iglesias y parroquias como las de Jesuitas, El Carmen, San Vicente, San Francisco Javier, la Quinta Parroquia o Escolapios lo permiten. Lo sé porque he estado presente. De hecho, sin salir de Zornotza, en Larrea y este año, he sido testigo de la lectura de un texto a un difunto. Una iglesia, por cierto, de cuyo párroco solo escucho cosas buenas. Y si hablamos de fuera de Euskadi, he escuchado textos de familiares en todo el Estado. Como curiosidad, me cuentan que el padre Jaio dejó leer en sus ceremonias, anteriormente, en otras localidades. Se ve que Amorebieta is diferent. No olvido que hay templos que tampoco lo permiten. Como en algunos del Valle de Arratia. Por otro lado en dos iglesias del barrio de Abando, en Bilbao, se leyó un texto que el propio finado había dejado escrito. Me gustaría saber qué habría hecho en este caso la Parroquia de Amorebieta. ¿No cumplir con su última voluntad? Interesante dilema. O no. Total, no puede quejarse. Y si lo hace un familiar da igual. No hablo solo de nuestro caso. Hubo otros, según cuenta la propia Ejecutiva. No se lee porque lo decimos nosotros y punto. Lo que me anima a recordar otra de la frases del sacerdote al que he recurrido. “Entre una Iglesia accidentada que sale a la calle y una Iglesia enferma de autorreferencialidad, no tengo duda: prefiero la primera”. Deberían reflexionar sobre estas palabras. Es una opinión. Pero lo mismo la toman por un derroche de prepotencia. Algo de lo que, por cierto, me acusa la Ejecutiva.

4-“De su escrito se desprende-según percibimos-una actitud prepotente en la que su amor propio ha quedado herido”. Si repasamos en diccionario “Prepotencia”es: Ejercicio de un poder que es muy grande o superior al de otro, en especial cuando se hace de manera abusiva”. Y yo me limité a escribir una carta al director de la revista Hilero. Algo que está al alcance de todo el mundo. Porque, a diferencia de la Parroquia de Amorebieta, ellos sí dejan hablar. Añadiré que, trabajando para el periódico de mayor tirada de Euskadi y la segunda radio de mayor audiencia a nivel estatal, no se me pasó por la cabeza ser “prepotente” y utilizar esos canales. Sólo faltaba. Se trataba de un asunto personal y local y así lo abordé. Como el nieto de una mujer al que miembros de su familia pidieron que escribiera y leyera unas palabras. Por suerte, según leo en su respuesta, la Ejecutiva no me guarda rencor. Es un alivio. Aunque yo creía que en un católico practicante no guardar rencor se daba por hecho. Se ve que en este caso no.

En fin, cierro estas líneas pidiendo disculpas y perdón a las personas que se hayan podido sentir heridas de manera colateral. No así a quienes iba dirigida la queja. A saber, la Ejecutiva y el párroco. Porque ninguno de los argumentos que ofrecen explican por qué no pudimos leer un sentido y breve texto a nuestra amama. Un acto, tan simple e inocente, que de haberse celebrado el funeral en otra iglesia del mismo pueblo se habría podido llevar a cabo. Pero dado que siguen sin entender lo que eso puede suponer para algunos, esteré encantado de aceptar su oferta que dice“…nos mantenemos dispuestos a un diálogo abierto y leal”. Pongan fecha, lugar y hora. Así podré contarles dónde, con quién y cómo me he documentado para apoyar mis argumentos. Y también que me apena que algunas de las personas de la Ejecutiva y el párroco no hayan querido conocer, o no les importe si las conocen, las especiales circunstancias de los últimos años de Leonor Antxia que subrayan la razón de nuestro interés por leer unas líneas en su funeral. Pero lo suyo sería que fuera abierto de verdad. Para que los habitantes de Zornotza que quieran puedan opinar. Aceptaré el debate. Y supongo que ustedes harán lo mismo. ¿O no? Tampoco me hagan mucho caso. Solo soy un pecador. Uno de esos que cada día se sienten más alejados de ciertas iglesias y sus dirigentes. Lo que me recuerda a otra frase del sacerdote que ha inspirado estas líneas. “Tratamos de ser una Iglesia que sale de sí misma y que va hacia los hombres y las mujeres que no la frecuentan, que no la conocen, que se fueron, indiferentes”. No sé que pensará de ésta y de las otras frases la Ejecutiva Pastoral de la Parroquia de Amorebieta. Pero yo les daría una vuelta. Al fin y al cabo, el sacerdote que las ha pronunciado es un tal…Papa Francisco.

Jon Uriarte

EN CONTRA DE LA URBANIZACIÓN DE SANTA LUZIA Y LEGINETXE

19

En Amorebieta-Etxano se inició en octubre de 2015 el desarrollo de El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). Este es un instrumento global de ordenación urbanística de todo el territorio municipal, cuya función básica consiste en establecer la clasificación del suelo (urbano, urbanizable y no urbanizable), con su régimen jurídico correspondiente, así como en definir los elementos fundamentales de la estructura general adoptada para la ordenación urbanística y el programa para su desarrollo.
El 22 de febrero se presentó públicamente el Documento de Avance, el cual trata de obtener una imagen genérica – pero definitiva – de lo que el Plan debe ulteriormente concretar. Este documento está actualmente expuesto en la oficina técnica del Ayuntamiento a la que se pueden hacer llegar propuestas alternativas.
Más de 400 vecinos de Amorebieta hemos trasladado la propuesta de que los barrios Santa Lucia y Leginetxe (A-26) no deberían sufrir urbanización y deberían quedar como suelo rural, a diferencia de como se plantea en el documento de avance, que propone la construcción de 100 viviendas.
Nuestra opinión es que:
1. Amorebieta-Etxano ha tenido un crecimiento urbanístico que pocos municipios en el conjunto de la CAV han tenido, y que se ha de conservar el valor de un barrio rural y natural cercano al pueblo.
2. Se ha de conservar un lugar de ocio y disfrute de la naturaleza que lo usan miles de vecinos de Amorebieta-Etxano, unos diariamente y otros semanalmente, para la ascensión a su monte más emblemático: Belatxikieta.
3. Se ha de conservar una zona de disfrute del paseo y del footing de muchos vecinos entre los citados barrios rurales y su colindante “Enrike Renteria”.
4. Se ha de mantener la delimitación del pueblo en las fronteras de las vías del tren actual, ya que de lo contrario el tren pasaría por el interior del centro urbano, creando una barrera arquitectónica, inasumible en el siglo XXI.
5. Se ha de evitar el urbanismo de ladera: Los barrios de Santa Lucia y Leginetxe, a diferencia de los barrios urbanos colindantes, se encuentran ya en las laderas de la Sierra de Aramotz. La construcción de viviendas constituiría un desequilibrio respecto a la armonía horizontal actual de Amorebieta-Etxano.
6. No se ha de construir un barrio dormitorio. Si al hecho de ser un barrio de ladera se le suma la barrera arquitectónica que suponen las vías del tren actuales, el nuevo barrio se convertiría en zona dormitorio, donde no ocurre nada o casi nada que influya en el desarrollo de la ciudad.
7. Se debe evitar la fuerte contaminación acústica que padecerían los habitantes de estos barrios en el momento en el que circule el tren de alta velocidad, que pasaría a escasos metros de sus viviendas, y por tanto su calidad de vida sería inferior a la del resto de los habitantes de Amorebieta-Etxano. Aspecto inasumible en el siglo XXI.

ZERGATIK BAI

Maiatzak 7an Zornotzan
Gure herrian egingo dana kontutan izatekoa da
Ezberdintasunagaitik batibat Erabakitzeko deia dago
Zer egin… Ir
No es solamente por el dulce placer de meter en una urna el voto soñado
Ni incluso por la importante aportación de cada persona que ha sido llamada
Hay ke ir con la conciencia de participar en un hito histórico
Ir y asumir la responsabilidad de decidir
Ir y demostrar ke podemos hacerlo
Ir y demostrar ke podemos decidir
Ir para poder contar ke fuiste
El derecho a decidir de la nación vasca no es negociable
ERABAKITZEKO ESKUBIDEAREN ALDE
JM GURUZIAGA

RESPONDIENDO A JON URIARTE

El Sr. Jon Uriarte, en la sección de Cartas al Director de la Revista Hilero, publicó un artículo con el título “La fria parroquia de Amorebieta”, referido a la parroquia de Andra Mari / Santa María.
Acogiéndonos al derecho de réplica, la Ejecutiva del Consejo Pastoral Parroquial se siente en la obligación de hacer algunas aclaraciones y precisiones sobre lo manifestado por el Sr. Uriarte; al mismo tiempo expresamos también con toda nobleza el dolor por algunos juicios injuriosos vertidos hacia la parroquia y hacia su párroco.
Queremos diferenciar dos ámbitos: el contenido del artículo y el talante que muestra el articulista.

El contenido (lo que dice):

1.- No podemos valorar si el párroco estuvo “frío” o no. Lo repite varias veces y extiende la frialdad a toda la parroquia, como señala el título del artículo. Lo que sí afirmamos, con conocimiento de causa, es que el párroco es tolerante, amable, sencillo y, en este caso coherente al mantenerse en lo acordado hace bastantes años en el Consejo Pastoral.

2.- Dice desconocer “quién ha tomado esta decisión y cuándo”. Con gusto le informamos al Sr. Uriarte:

2.1 ¿Quién decide? Estas decisiones se toman corresponsablemente ( = democráticamente) en el seno del Consejo Pastoral, formado por los curas y laic@s representantes de los diversos grupos parroquiales. Es el ámbito en el que se plantean las diversas cuestiones, se hace discernimiento sobre ellas, se valoran los pros y los contras y, finalmente, se van tomando decisiones. En la línea de la decisión que nos ocupa, existen otras como no aceptar la presencia de coros, coronas etc. Tampoco se cobra nada por las bodas, bautizos; sí por los funerales.
Todos estos criterios de actuación no son dogmáticos. Evidentemente se puede discrepar. También pueden ser modificados, siempre en el ámbito del Consejo Pastoral, no únicamente por decisión del párroco. Mientras tanto, siguiendo en vigor, lo coherente es mantenerlos. Éste debe ser, al parecer, el “delito” cometido por el párroco.

2.2 ¿Cuándo se ha tomado? Al menos, llevamos veinte años aplicando estos criterios. Con una media de 70 funerales por año, llegamos aproximadamente a los 1.400 en estos últimos veinte años.
La inmensa mayoría no solicita intervención por parte de familiares o allegados. Haciendo memoria, no han llegado a 20 peticiones. De ellas una vez que se les han explicado los motivos, han aceptado con corrección casi todas las personas, excepto cuatro casos que han presentado un enfado manifiesto. Pero sólo en este caso, la rabia confesada se ha hecho pública en los términos ya conocidos por todos en un intento de lanzar a la parroquia y a su párroco “a los pies de los caballos”.

2.3 Sin que lo haya pedido el articulista, añadimos por nuestra parte el por qué de estas decisiones. Desde luego, la intención no es exaltar los ánimos ni enrabietar a nadie, como parece entender el Sr. Uriarte.
El criterio máximo es que para la parroquia todas las personas difuntas y sus familias merecen ser tratadas con la misma dignidad. Nadie es más que nadie. Para ello se pretenden evitar signos que pueden marcar diferencias, como la actuación de coros invitados, profusión de coronas y flores, intervenciones de familiares o allegados…, que nos pueden hacer recordar, por aproximación, aquellas diferencias insultantes de funerales de primera, segunda y … que marcaron desgraciadamente la actuación de la Iglesia en algún tiempo y que felizmente, aunque siempre tarde, quedó superada.

3.- Por otra parte, no son lo mismo las exequias cristianas y un obituario. Parece que el Sr. Uriarte está habituado a este género funerario. Pero no es bueno confundirlos. Lo nuclear en un funeral, se aprecie o no, es la acogida, la escucha de la Palabra de Dios, el Evangelio, la aplicación de la misma a las circunstancias concretas en la homilía, la oración por los difuntos y su familia, el rezo del Padrenuestro, la despedida serena y esperanzada de la celebración, dando a significar que Dios Padre, por medio de Jesucristo acoge a los difuntos en la Vida sin fin. Lo secundario es el hipotético obituario, cuyo lugar propio puede ser el tanatorio o la despedida en el cementerio.
No olvidemos que la reforma litúrgica que nace del Concilio Vaticano II prohíbe expresamente los “panegíricos” (discurso elogioso de la persona difunta) en la celebración de los funerales, aunque, es justo reconocerlo, no siempre se respeta este criterio conciliar.

La actitud o talente:

Una breve referencia al tono o talante que hemos percibido en el artículo que nos ha producido un fuerte desasosiego, a nosotros y a no pocas personas del municipio, sin negar que haya producido también fruición en otras.
De su escrito se desprende-según percibimos- una actitud prepotente en la que su amor propio ha quedado herido. Nos parece humano y lo aceptamos. Pero no nos parece procedente publicar este artículo, sobre todo, por las inexactitudes introducidas en su contenido y que hemos señalado. No es propio de un profesional del periodismo, llamado a servir ante todo a la verdad, dar publicidad de algo sin haberse informado suficientemente de la práctica parroquial para expresar su discrepancia natural con corrección y respeto. Nos extraña muchísimo que haya realizado consultas al respecto en tantas tierras que recorre, a sacerdotes cercanos y lejanos, incluso a ciertos miembros próximos a la Conferencia Episcopal y todos le han dado la razón; sin embargo, no parece que ha consultado al Sr. Obispo de Bilbao y a su Vicario territorial, ante quienes el párroco Jabi Jaio, que sepamos, goza de total confianza.
No podemos negar el desasosiego producido y las discrepancias señaladas, pero afirmamos no guardar el mínimo rencor hacia Jon Uriarte, que comprendemos que se ha dejado llevar por un enfado considerable. Por nuestra parte, damos por zanjada esta cuestión y nos mantenemos dispuestos, si le parece bien, a un diálogo abierto y leal.

Saludo respetuoso

Fdo.
Ejecutiva del Consejo Pastoral de la Parroquia Andra Mari

Mari Feli Arrizabalaga
Esther Crespo
Agurtzane Lizaso

LA FRÍA PARROQUIA DE AMOREBIETA

No queríamos un funeral triste. Casi todos lo son. De ahí que los que están en el altar y quienes se encuentran bajo él se empeñen en que el adiós al ser querido se convierta en un hasta luego, cargado de cariño, gestos y humanidad. Por eso llevo cargando rabia desde el pasado viernes 17 de marzo. La conocida coloquialmente como “parroquia de Amorebieta” estaba igual de bonita que siempre y sus singulares ángeles nos saludaban desde arriba. Los pésames se mezclaban en los pórticos con simpáticas anécdotas sobre la fallecida. En cambio el párroco, Javier Jaio, estuvo frío. Mucho. Y desafortunado. Después he sabido que no ha sido la única vez. De ahí estas líneas. Una cosa es ser el párroco y otra creer que la parroquia es un cortijo donde los fieles carecen de voto y, sobre todo, de voz. O quizá esté equivocado, 51 años acudiendo a más funerales que un cura y 12 años de colegio en Jesuitas no me sirvan para percibir que no fue normal lo sucedido ese viernes.

Ese día, a las 19:00, se celebró el funeral por Leonor Antxia. Ama, amama, pariente, amiga y vecina de muchos y de muchas zornotzarras y de quienes nacimos y vivimos en tierras vecinas, pero que siempre sentimos Amorebieta como parte indisoluble de nuestra cuna. Tras casi 102 años Leonor decidió apagarse y abandonar este mundo. Pero no quisimos que la despedida fuera triste. Ella no lo era. Todo lo contrario. Tiene mérito cuando has sobrevivido a las bombas del cielo y después al destino que, cruel y aún no satisfecho, te coloca minas injustas a lo largo de la vida. Leonor vio morir a su marido, a su hija, a sus yernos y a demasiada gente a una edad en la que nadie debería irse. Pero siguió adelante. Porque hablamos de una superviviente que, pese a todo, amaba este mundo. Y queríamos que se escuchara eso en su funeral. Pero no pudo ser.

El párroco se negó a que leyéramos las breves palabras que le íbamos a dedicar. Esas que su hija y la nieta que ha compartido hasta el último segundo sus horas de vida me pidieron que escribiera. Pero quien oficiaba no entendía de sentimientos. Triste paradoja. Un familiar le preguntó en qué momento podíamos leer el texto. Y respondió que en ninguno. Su argumento fue que “había habido problemas en alguna ocasión anterior y que por eso no se permitía”. Todo en plural y sin más explicaciones, siguiendo esa máxima de “no hay más que hablar”. Aún hoy desconocemos cuándo y, sobre todo, quién tomó una decisión así, que a muchos nos sorprende. Por mi trabajo recorro diferentes tierras. En todas he preguntado al respecto y no dan crédito ante lo sucedido en esta parroquia. Conste que todo lo que se sale de la liturgia oficial está en manos del párroco de turno, quien está legitimado para tomar esa y otras decisiones. Pero resulta paradójico que, cuando más se está abriendo la Iglesia a la ciudadanía, alguien decida vetar ese gesto tan habitual en los funerales. He preguntado a sacerdotes cercanos y lejanos. Incluso a ciertos miembros próximos a la Conferencia Episcopal que me han mostrado su sorpresa ante los hechos. También sé que no es la primera vez que sucede. Son muchas las personas que se han acercado para contarme que no pudieron leer un texto a sus difuntos en otros funerales celebrados en esta misma iglesia. Y también están dolidos. Insisto en que es política de la empresa y la norma está en manos del párroco. He dicho empresa por utilizar el término adecuado. Porque no permitir leer a un familiar fue, al menos en este caso, la antesala de un acto tan triste como impersonal. Lo que viene siendo un trabajo mal hecho.

Las únicas veces en que hubo una referencia a la fallecida fue durante la lectura de los textos habituales donde el hueco para el nombre permite hacer un funeral “pret a porter”, que lo mismo vale para una mujer centenaria que para un chaval veinteañero. Decir que vivió mucho y que compartió ese tiempo con su familia es de Perogrullo. Conozco horóscopos de periódicos que hilan igual de fino. Y esto también cabrea. Porque un servidor ha escrito y escribe obituarios con frecuencia y elabora perfiles sobre gente de todo tipo, raza y condición para programas de radio y artículos de prensa. Unos quince a la semana. Muchas veces no conozco al finado o al homenajeado. Pero me preocupo por saber detalles. Les aseguro que diez minutos bastan para acumular datos sobre su personalidad, vivencias y alguna curiosidad. Lo justo y necesario para que el adiós o el perfil elaborado tengan un mínimo de tacto, humanidad y cercanía. De haberlo hecho el párroco de Zornotza habría podido justificar su negativa. Lo habríamos interpretado como un “no leas nada, que ya hablo yo de ella”. Pues bien, no empleó ni solo un segundo en saber algo sobre Leonor. Y si contaba con datos previos no los utilizó. Hubo familiares que incuso se culparon después por no haber aportado datos al sacerdote, en un empeño piadoso por justificarle. Pero no me vale. Lo mínimo es que se muestre algo de profesionalidad. No ha hubo. Al menos así lo entendemos algunos. Esos que nos quedamos a oscuras porque apagaron las luces cuando aún no habíamos abandonado la iglesia y un señor nos esperaba para cerrarla, con la misma premura que un camarero ante los últimos rezagados. Solo que no era una taberna, sino una iglesia. Y no eran las tantas de la madrugada, sino las 19:45. Supongo que tenían algo importante que hacer o que después había otra ceremonia. Lo desconozco. En cambio cada vez tengo más claro por qué algunas iglesias están cada vez más vacías. Pero ese no es mi problema. Sino del párroco y sus superiores. Así que jamás habría escrito estas líneas de no ser por la rabia que tengo dentro. Sí, he dicho rabia. En esta vida muchas cosas dependen del juez, del médico o del profesional que te toque. Es algo que asumimos. Pero uno solo se muere una vez. Y ahora sabemos que la clave para que tu funeral sea cálido o frío como el hielo también depende del cura que toque. O de la parroquia. En la de Santa María solo hay una voz. La de su responsable.

Al día siguiente leímos el texto en el cementerio y en familia. Fue un sencillo y entrañable acto. Con sus lágrimas y sus sonrisas. Eso aplacó el sinsabor del funeral. Pero yo no soy tan buena persona como algunos de mi familia. Me refiero a quienes prefieren pasar página. Otros no podemos perdonar. Lo siento. Quizá si hubiésemos apreciado un mínimo de humanidad durante el funeral, o después, obraríamos de otra manera. Pero Leonor Antxia no se merecía un adiós desganado y de refilón. Nadie lo merece. Y si algo nos enseñó nuestra amama es a no callarnos ante lo que consideramos injusto. Como que una iglesia tan hermosa y cargada de Historia como la parroquia de Amorebieta se haya convertido en lugar tan frío como el corazón de su párroco.

Jon Uriarte

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